Tu pareja es tu enemigo?

El machista perverso narcisista es un sujeto cuyo comportamiento habitual es el resultado de asociar a una actitud machista extrema, una personalidad perversa con rasgos narcisistas todo ello en el marco de las relaciones de pareja.

Machismo

Se trata por tanto de un individuo que ha interiorizado todo un conjunto de conductas y actuaciones basadas en las tradicionales relaciones desiguales de poder entre el hombre y la mujer y que se traducen en una serie de ideas, símbolos y hábitos que representan la superioridad del hombre, frente a la inferioridad y desvalorización de la mujer, para quien no reconoce ni derechos ni libertades en ninguna de las esferas de su vida ni pública ni privada. Para el machista, que, como privilegio, ha asumido íntegramente estos principios, la mujer no es una persona diferente, es una persona desigual y por tanto, hay una dignidad para hombres y otra para mujeres. Naturalmente ambas dignidades las establece y marca el hombre como sujeto universal de derechos y libertades.

Pero si a toda esta premisa, le añadimos que se trata de alguien que, bajo la influencia de un ego descomunal y dominante, crea un vínculo perverso con su pareja; que para ello ataca y absorbe de forma especial el amor propio  de esta,  la confianza en sí misma y la autoestima; que no duda en desafiar todas las leyes  ni admitir otra condición que no sea cubrir sus propias carencias, el resultado es, necesariamente, una relación letal.

“Los perversos sienten un placer enorme y se engrandecen al ver sufrir y dudar a su pareja, del mismo modo que gozan sometiendo y humillando”.

Como principio básico, cabe indicar que este sujeto encuentra su equilibrio en la medida en que descarga sobre su pareja el dolor que no siente y las contradicciones y frustraciones  internas que se resiste a percibir. Siente la necesidad de transferir su propio sufrimiento y al mismo tiempo de la apropiación mental de la pareja. Su conducta fría, abusiva, consciente y premeditada atenta, por su sistematización  y repetición contra la dignidad y/o la integridad psíquica y/o física de su pareja. No hace daño a propósito; hace daño porque no sabe sobrevivir de otro modo.

Del mismo modo, intenta, de alguna manera hacer creer que el vínculo de dependencia de la pareja en relación con ellos es irreemplazable y que es ella quien lo necesita para vivir.

Hay en él una exacerbación de la función crítica que les conduce a pasar el tiempo criticándolo todo y a todo el mundo. De este modo, se mantiene en su grandiosidad, en su omnipotencia. Puede, incluso,  llegar a aceptar que es en algunos aspectos un poco perverso, pero no tiene la capacidad de verse como tal, porque eso lo pondría en una realidad que heriría su ego. Un ego que es el motor de todas sus acciones de su auto satisfacción, de su comportamiento manipulador, de sus ataques silenciosos.

Cuando acusa a los demás de ser responsables de lo que le ocurre, no acusan, sino que comprueban y/o demuestran, siempre con su personal  lógica, con su peculiar manera de evaluar a las personas y las situaciones. Si el mismo no puede ser responsable, necesariamente tiene que serlo la otra persona. Adjudicarle la culpa a la pareja, maldecirla haciéndola pasar por malvada, no sólo permite desahogarse, sino también rehabilitarse, restituirse.

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